La muestra Luz Portátil llegó a París cuando se canceló oficialmente el año de México. Respondió a esa decisión con fotografía mexicana, una exposición ampliada y actividades culturales. La Maison de l'Amérique Latine presentó la muestra, no una nueva ceremonia estatal, y agregó una sala dedicada a Artes de México y otra a la fotografía etnográfica de Ruth Lechuga.
Cuando la política intenta poner fronteras
El editor y escritor Alberto Ruy Sánchez sostiene que los vínculos entre México y Francia no caben en las agendas de los gobiernos. En un encuentro organizado por la Fundación de la Maison du Mexique en París el pasado 25 de septiembre, dijo que la influencia francesa en México es profunda, aunque a menudo discreta, y que los intercambios culturales reales no siempre coinciden con las listas de actos diplomáticos.
Ruy Sánchez describió un «amasiato cultural» que ocurre muchas veces al margen de las políticas oficiales y sus guerras culturales. Recordó el conflicto entre Calderón y Sarkozy en torno al caso Cassez y dijo que esos asuntos debieron resolverse sin interrumpir los intercambios culturales. También criticó que el México oficial y sus élites gubernamentales y privadas, obsesionados con Estados Unidos, busquen interlocutores culturales únicamente en instancias oficiales y a veces conciban a México como el jardín trasero estadounidense.
La historia de Luz Portátil refleja esa fricción entre los intereses oficiales y la creación. La exposición reunió a 32 artistas y llegó a París con el catálogo Luz Portátil: une aventure éditoriale dans la photographie mexicaine contemporaine. Ruy Sánchez dijo que la exhibición se triplicó y sumó una sala dedicada por completo a Artes de México, además de otra para la fotografía de Ruth Lechuga, cuya obra la Unesco acababa de declarar Memoria del Mundo.
Los cruces que no caben en los despachos
En 2010, el festival Lettres d'Automne, en Montauban, dedicó su vigésima edición a Ruy Sánchez. Él propuso ampliar el programa para incluir autores de distintas culturas y arte mexicano, en vez de enfocarlo solo en él. El festival duró tres semanas, no diez días, y presentó cerca de 80 artistas de distintas disciplinas. Incluyó obras de teatro escritas para el festival, coreografías, conciertos inéditos, lecturas y encuentros con estudiantes de liceos, universidades, centros de migrantes y prisiones. También ofreció concursos literarios, talleres y diez exposiciones.
La exposición más grande mostró arte ritual huichol y la obra de un chamán de ese grupo indígena, fallecido hacía poco. Especialistas organizaron conferencias en su honor y visitas guiadas. Ruy Sánchez describió el lema del festival, Eloge de l'ailleurs, como un elogio de lo extranjero, de lo que nos rebasa o aún no conocemos, y también de la libertad.
Artes de México ha buscado conectar miradas y métodos distintos. Ruy Sánchez dijo que la revista reunió a mexicanistas de distintos horizontes y trató de hacer converger tradiciones historiográficas anglosajonas y francesas. Explicó también que sus ediciones han recurrido a ideas de autores franceses para examinar, entre otros temas, los espacios del arte mexicano, la comida, los rituales de la muerte y la lucha libre enmascarada. Aclaró que no aplica esas ideas mecánicamente: busca herramientas apropiadas a cada realidad.
Propuestas frente a las barreras
Ruy Sánchez propuso residencias creativas, facilitar la circulación de libros y obras audiovisuales, ofrecer acceso virtual a la Biblioteca Paul Rivet y permitir acceso presencial y en línea a inventarios de arte y sistemas nacionales de bibliotecas. También planteó restablecer un Consejo Estratégico Franco Mexicano dedicado exclusivamente a la cultura, con empresas mecenas que destinen parte de sus ganancias a la cultura binacional, transnacional o nacional.
Sus propuestas incluyen un mercado de libre comercio cultural y una tarifa especial para los envíos de libros desde México a Francia, equivalente a la que existe para los envíos desde Francia a México. Son ideas para abrir canales que hoy dependen de instituciones, reglas y decisiones de gobiernos y empresas; no eliminan esas barreras. Ruy Sánchez también pidió que cada evento genere varios y que los diplomáticos franceses destinados a México y los mexicanos destinados a Francia estudien las ediciones de Artes de México.
La cultura francesa, dijo, no es pura: «La 'pureza franco francesa' no existe. Como no existe ninguna pureza al hablar de países e incluso de naciones». Para Ruy Sánchez, exposiciones y presentaciones de libros deberían ser detonantes de otras actividades. La cultura compartida no puede reducirse a la foto oficial.
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