
El editor y escritor Alberto Ruy Sánchez dijo que los vínculos culturales entre México y Francia no se limitan a exposiciones y traducciones: han dejado huellas profundas en la mentalidad y la vida artística cotidiana de ambos países. Lo afirmó durante el encuentro “México en Francia: Pensamiento e imaginario”, organizado por la Fundación de la Maison du Mexique en París el pasado 25 de septiembre, como parte de las celebraciones por el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
La crítica de arte Christine Frérot moderó la reunión de artistas e intelectuales mexicanos y franceses. El Universal publicó las respuestas que Ruy Sánchez preparó para participar. Su mensaje central incomodó a los despachos oficiales: los intercambios culturales reales, sostuvo, no siempre coinciden con las listas de actos diplomáticos.
Cultura al margen de la política oficial
Ruy Sánchez habló de un “amasiato cultural” que muchas veces ocurre al margen de las políticas oficiales y sus guerras culturales. Citó dos ejemplos. El primero: un mexicano robó un códice de la Biblioteca Nacional y la Interpol lo detuvo cuando intentaba venderlo, bajo el argumento nacionalista de una “recuperación” respaldada por el entonces director del INAH. El segundo fue el conflicto entre Calderón y Sarkozy por el caso Cassez. Esos asuntos, dijo, debieron resolverse sin interrumpir los intercambios culturales.
También lanzó críticas contra el México oficial y sus élites gubernamentales y privadas. Según Ruy Sánchez, viven obsesionadas con Estados Unidos, buscan interlocutores culturales solo en instancias oficiales y a veces ven a México como el jardín trasero estadounidense.
El escritor recibió en 2000 la condecoración de Oficial de la Orden de las Artes y de las Letras del gobierno francés. Recordó que el embajador Bruno Delaye lo describió entonces como “una figura emblemática” entre los escritores e intelectuales mexicanos y “un brillante promotor del diálogo cultural entre Francia y México”. Delaye agregó: “Lo tenemos en gran estima. Lo admiramos”.
El oficio artesanal y lo popular como eje
Ruy Sánchez sostuvo que la cultura francesa ofrece una lección sobre los oficios y la producción artesanal. Aunque Francia es industrial, afirmó, conserva el pan de trigo, la vid y otras labores artesanales. Atribuyó a la Enciclopedia de la Ilustración una atención singular a los oficios, en parte porque su proyecto consideraba que el mundo artesanal define a un país más que sus gobernantes, guerras y dominios. Artes de México, explicó, convirtió sus ediciones en una enciclopedia de lo mexicano, con el mundo artesanal y el arte popular como ejes para comprender el país.
El Barroco, entendido como proyecto de civilización, fracasó entre las élites mexicanas, añadió, pero echó raíces en el mundo popular como confluencia de lo diverso y lo posible. Estudiar México, según él, exige comprender el exceso premoderno y su función social.
Al hablar de diversidad cultural, citó una cifra: en los años ochenta del siglo XX, el 38 por ciento de lo que se publicaba en Francia procedía de muchas otras lenguas, frente a cerca del 4 por ciento de lo traducido de otras culturas en Estados Unidos. “La ‘pureza franco francesa’ no existe. Como no existe ninguna pureza al hablar de países e incluso de naciones”, dijo.
Un festival que llegó a prisiones y centros de migrantes
Ruy Sánchez recordó un intercambio cultural amplio: en 2010, el festival Lettres d’Automne, en Montauban, le dedicó su vigésima edición. Él propuso ampliar el programa para presentar autores de distintas culturas y arte mexicano. El festival duró tres semanas, en lugar de diez días, y reunió a cerca de 80 artistas. Su lema, Eloge de l'ailleurs, celebraba lo extranjero, lo que aún no conocemos y también la libertad.
El programa incluyó encuentros con estudiantes de liceos y universidades, además de visitas a centros de migrantes y prisiones. También hubo concursos literarios, talleres y diez exposiciones. La mayor se dedicó al arte ritual huichol y a la obra de un chamán de ese grupo indígena que había fallecido hacía poco. Otra presentó Luz Portátil, con 32 artistas. Unos meses después, durante la cancelación oficial del año de México, la muestra llegó a París y se exhibió en la Maison de l'Amérique Latine, desafiando esa cancelación.
La propuesta: una utopía en diez pasos
Para mejorar las relaciones artísticas bilaterales, Ruy Sánchez presentó una “utopía en diez pasos improbables”. Pidió superar las barreras diplomáticas y permitir que los políticos apoyen la cultura sin limitarla. Propuso promover residencias creativas, además de estudios, y aprender de las leyes e instituciones de ambos países que favorecen la creación, la circulación de obras y la preservación del patrimonio, incluidas la “excepción cultural” francesa y el Fondo Nacional para la Creación Artística (FONCA).
También reclamó restablecer un Consejo Estratégico Franco Mexicano dedicado exclusivamente a la cultura y convocar a empresas mecenas para que destinen parte de sus ganancias en cada país a ese ámbito. Planteó extender a los envíos de libros desde México a Francia una tarifa especial equivalente a la existente en sentido inverso, crear un mercado de libre comercio cultural, facilitar suscripciones a servicios franceses de streaming y ofrecer acceso presencial y en línea a los inventarios de las bodegas de arte y a los sistemas nacionales de bibliotecas de ambos países.
Por qué importa
La propuesta de Ruy Sánchez presenta la cultura como un bien público que necesita instituciones, leyes y financiamiento, no solo discursos conmemorativos. Sus ideas sobre tarifas postales y acceso a bibliotecas y a inventarios de bodegas de arte señalan barreras concretas que restringen quién puede acceder a la cultura. Su crítica a las élites que miran solo hacia Estados Unidos y hablan únicamente con instancias oficiales plantea que la diversidad cultural depende de abrir espacio a más voces: artesanos, migrantes, comunidades indígenas, estudiantes y personas privadas de la libertad.
El contraste entre el 38 por ciento de publicaciones francesas de origen extranjero y el 4 por ciento en Estados Unidos deja planteada una pregunta: qué políticas protegen el intercambio cultural frente a la lógica del mercado.
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